EMPRENDO EN LA CALLE

 EMPRENDO EN LA CALLE

La pandemia “Covid-19” desnudó grandes problemas en el país, un Perú que nunca estuvo preparado para afrontar un evento de tal magnitud se enfrenta a un virus sin registros, pero también libra una batalla económica y social que nunca fue atendida: “la informalidad”.

Todos tenemos un familiar, amigo, vecino o conocido que arrancó los tan mencionados y aplaudidos “emprendimientos”, sí, esos trabajos que gozan de aceptación popular pero que no produce bienestar a la economía del país, y es que 7 de cada 10 peruanos trabaja en la informalidad y más de 6 millones de compatriotas perdieron su empleo durante esta pandemia según el último reporte del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), cifras nada alentadoras que pone entre la espada y la pared a la madre de familia, al sacrificado padre o incluso a los jóvenes peruanos que salen a las calles a intentar sobrevivir ofertando algún producto.

Este redactor vive en un barrio apacible, con variedad de negocios en cada cuadra. Dicho esto, antes de entrar en el confinamiento producto del coronavirus solía disponer de tres bodegas en la cercanía de mi domicilio, ahora, durante este estado de emergencia y el cierre de actividades que no son de prioridad, aparecieron cerca de seis, sí, seis nuevas bodeguitas que se unían a las anteriores tres, sin mencionar la cantidad de ambulantes que pasan en triciclos, camionetas o incluso a pie con megáfono en mano o parlante en el techo de la carrocería ofertando sus mejores productos.

Es así que la estilista cambió las tijeras por la venta de alcohol en gel, el propietario de la cabina de internet cambió el teclado por las frescas frutas de estación, y como ellos muchos otros empresarios dieron un giro a sus negocios. ¿Ustedes creen que estos señores contribuyen con el país? ¿Y qué pasa con las tiendas que si son formales y pagan sus impuestos? ¿Qué pasará con estas nuevas bodegas una vez culminado este calvario llamado Covid-19? ¿Sobrepoblación de bodeguitas? Me recuerda mucho al caso del emporio limeño de Gamarra y el desalojo de los ambulantes. Se entiende la necesidad por laborar y conseguir dinero honestamente, pero tampoco podemos ser negligentes con nuestro país.

Los ambulantes se perjudican a sí mismos porque no pueden aspirar a beneficios laborales, peor aún, están en mayor riesgo de contagio al estar en la calle, pero cuando se tiene hambre, el miedo pasa a ser una ínfima sensación.

Cuál es la solución entonces se estará preguntando querido lector. Urge una nueva política de reactivación económica, políticas que reduzcan la carga tributaria que muchas veces terminan asfixiando al empresario, participación del estado y ayuda a los pequeños empresarios para que continúen en la formalidad, los ambulantes irán disminuyendo conforme las empresas tengas mejores incentivos para contratar personal, el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo debe concertar mejores medidas para reducir el número de ambulantes en las calles del país.

No permitamos que la informalidad se convierta en patrimonio peruano, que sea tan común ver ambulantes en las calles como palomas en las plazas, esta pandemia llegará a su fin en unos meses, pongamos de nuestra parte para sacar adelante el país, la reactivación económica no depende en su totalidad de las autoridades o las mentes brillantes de economistas y estadistas, está en nosotros no ‘sacarle la vuelta’ al país.

Jeison Rosas

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